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Fecha funesta

Madrid, 18 de febrero de 1.950. ¿Os suena? Venga que no es tan difícil, que el cariño por él debería haceros saber esta fecha. Ah ¿que no le felicitáis? Pues deberiais, porque tiene mérito llegar hasta donde ha llegado con tan poco por arriba, y sí, también le falta pelo. Bueno, menos vueltas. Dedico esta primera entrada a un personaje de nuestro tiempo, un hombre que ha pasado ‘penurias’ en su existencia, y que nos está ayudando a todos a ser más felices y tolerantes. Sí, exacto, es José Ignacio Wert.

Está claro que hay mucha gente para hablar y que más de uno sólo con escuchar su nombre se ha cagado en mí. Pero es que esta sección no va de gente con la que uno se lo pasa bien, sino con los que te hinchan las pelotas. Nuestro amigo Forrest Gump nos los explicó de lujo: “tonto es el que hace tonterías”; y ojo, hacerlas puede ser hasta gracioso, pero ya creértelas… miedito me entra. Este hombre, que para muchos ha sido desconocido hasta su nombremiento como ministro de Educación, Cultura y Deporte, ha entrado en nuestras vidas con la misma gracia que el mismísimo tsunami de Japón.

Wert echando una mano al prójimo.

El beneficio de la duda podía estar ahí aunque alguien sosprechase de que no traería nada bueno, pero la realidad ha dejado el escepticismo más radical sin argumentos. Perlitas como: “La comunidad educativa no puede ser una comunidad democrática, porque el proceso educativo no es democrático” (Conferencia impartida en 2010 en la Fundación FAES, entonces como máximo dirigente de la consultoría Inspire); “Nuestro objetivo es españolizar a los alumnos catalanes” (Sesión de control del Gobierno);El patrón de rendimiento de los centros diferenciados tiende a ser superior (…) sobre todo en lo que se refiere a chicas(Defendiendo la educación segregada en La Gaceta); y ya la última conocida por todos “Se debe inculcar a los alumnos a que no estudien lo que les apetece, sino lo que necesitan”.

Alguien podría comentarle que ya ha demostrado su sentido del humor y que puede dejar de hacer bromas cada vez que abre su boca. Porque a día de hoy, que haya aún gente que piense así no hace más que ayudarnos a dar pasos hacia un pasado en el que la distinción de ricos y pobres iba hasta límites inhumanos, y aquí entra nuestro ‘amigo’ Wert para recordarnos que no hay gente pobre ni que no pueda estudiar, sino gente que prefiere gastar sus recursos en divertirse antes que en estudiar…

Poco queda por decir, una garrapata en nuestro país que ve bien chupar la sangre de los que sudan cada día para que los que se dan un paseo por la vida tengan más lleno el bolsillo.