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Silencio… y acción, pero en los 90

Hoy voy a recordar a los Stallone, Van Dame, Swarchzeneger, Seagal, Willis y demás actores que hicieron que el género de acción fuese mucho más que un mero entretenimiento, porque hubo una época en la que estos actores eran los que dominaban en la gran pantalla. No hablo por supuesto de actuaciones estelares en todos los casos, pero sin duda sí que copaban portadas de revistas, entrevistas en televisión y topes salariales.

Hablo de los 90, esa época en la que aún mi curiosidad cinéfila gateaba y la que marcó sin duda la etapa dorada de un género que por entonces no sólo mercadeaba, sino que innovaba y daba más de un motivo para pagar esos cientos de pesetas por ir al cine. Hay quien podrá decir que esto me lo estoy inventando, y que este cine siempre ha sido lo mismo: tiros, puñetazos, explosiones y el manido ‘time rescue’, pero para refrendarlo están los datos, que en cine se cuentan por taquilla.

Terminator, este es el título que todos recuerdan de Arnold Swarchzeneger, en el cual interpretaba a un ciborg asesino enviado a través del tiempo desde el año 2029 a 1984. Pues bien, fue la segunda entrega de esta saga la que copa la lista recaudando en el año 1991 nada menos que 519 millones de dólares, y sin poder ser superada desde entonces pese a las múltiples entregas de este género que cada año nos abordan. Tal fue el impacto de este filme que en su año de estreno llegó a alcanzar el segundo puesto del ranking mundial sólo superada por E.T. El Extraterrestre, y recompensada además con cuatro Óscar. Por si esto fuese poco, hablamos del primer largometraje que uso imágenes realizadas con ordenadores, es decir, más allá de sangre y violencia, se preparó hasta el mínimo detalle sin escatimar gastos en innovaciones que dieran un salto de calidad a la película.

En el siguiente escalón nos topamos con Matrix. La película de los hermanos Wachowski recaudó 463 millones de dólares y supuso quizás el punto final a los años dorados de este cine. Su relevancia llegó mucho más lejos que lo que indican los verdes, haciéndose popular por el ‘efecto bala’ (bullet time), en el que la imagen se congela mientras la cámara gira sobre ella. Esta nueva visión para el espectador, unida a una historia llena de interrogantes y susceptible de interpretaciones varias enganchó a los espectadores.

Por detrás siguen títulos como Mision Imposible (1996) con 456 millones de dólares, Speed (1994) con 350 millones, El Quinto Elemento (1997) con 264 millones o Desafío Total (1990) con 261 millones. Cierto es que en la primera década del siglo XXI también se han sacado grandes títulos, pero la proliferación y el nivel de seguimiento que tuvo en los diez años anteriores, e incluso antes con títulos como La Jungla de Cristal o la saga de John Rambo, no se ha vuelto a alcanzar.

Me despido ya de vosotros, se aceptan críticas.

SAYONARA, BABY (versión española)

Cine español, ¿nadando entre ‘Imposibles’?

El cine español es malo” ¿Quién dijo eso? Yo desconozco la primera persona que puso en su boca esa frase, pero sí sé que pulula por ahí, que se comenta, que se sabe y que va de una calle a otra con una impermeabilidad asombrosa en su mensaje. Pero qué está pasando en nuestro cine, ya no hay coplas, ya no hay pequeños ruiseñores… ¿Ahora qué?

Pajares y Esteso quedaron lejos. Sin desmerecer la función que cumplieron en la sociedad, la de aliviar tantos años de ‘tápese el tobillo señorita’ con sus sonrisas burlonas enmarcadas en desnudos, queda claro que lo que la industria hace en estos momentos es completamente antagónico a lo que en aquellos años se veía; aunque el humor sigue estando muy presente con títulos como la saga Torrente, que se ha convertido en un auténtico fenómeno capaz de multiplicar cada fotograma por miles de verdes. Pero no es la nota dominante, y es que la diversificación temática y estética se cuenta hoy por número de salas.

Éxito por billetes

106 millones de recaudación, esa es la cifra que recordaremos de nuestro cine en 2012. Hablamos de un buen número sin duda, pero a nadie se le escapa de donde viene tal ‘oasístico’ panorama, y es que es ‘Imposible’ hablar de este 2012 sin contar con Bayona, que por si solo ha hecho casi la mitad de esa alabada cantidad. ¿Y qué ha hecho este cineasta para tener tal honor? Pues romper con los límites, ha hecho una película ‘no española’. Ojo, no se me confundan, es española sí, ¿pero alguien imaginaba que un desastre natural tuviese el sello de nuestra industria? Desde El Coloso en Llamas, pasando por Twister, con Armagedon y tocando otras más recientes como Soy Leyenda; dejo fuera las que tratan de marcianos, que también hay muchas y algunas infumables; todas ellas extranjeras y taquillazos aquí. Pues bien, no en 2012, este año Bayona nos ha traído el desastre desde nuestro barrio para demostrarnos que otro cine es posible.

Para muchos hablaré de ‘norteamericaneizarse’, de llevar a gente a su butaca a base de obnubilar, de dejarles tan impresionados que vayan sólo por ver esos efectos y esa ola. Pero no es así, la calidad del cine no disminuye por hablar de superproducciones ni aumenta por ser cine de autor.

Como ya he dicho, a nadie se le ha olvidado nombrar el ‘106’ desde los entresijos de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, no hubo más que ver los pasados premios Goya; sin embargo, reducir el análisis a un número me parece demasiado cuadriculado. Al igual que en otros años han dejado claro que el éxito de nuestro cine se medía por su calidad y repercusión en el mundo, en este no deberían haber reducido su discurso a una cifra. Aunque todos sabemos por qué lo han hecho así.

Tijeretazo

Toca apretarse el cinturón y el cine no se libra. Como todo lo que suena a cultura, sanidad y demás cosas innecesarias para los que mandan, el recorte en la industria de la gran pantalla fue el pasado año del 35%, o lo que es lo mismo, de 76 millones pasaron a 49. Claro que muchos dirán que ese dinero sigue siendo una barbaridad, pero alguien se ha parado a pensar cómo se maneja este tema más allá de nuestras fronteras, serán pocos seguro.  En Francia la inversión es 7 veces mayor y en EE.UU. estas suponen 1.020 veces más de lo que se invierte aquí. Estos datos chocan sin duda con el hecho de que España sea el cuarto país en producción europea y noveno mundial. Y diciéndolo más claro, las subvenciones suponen sólo el 16% de lo que se invierte en España, el resto es dinero privado. Pese a todo, tenemos el país que más directores noveles saca cada año.

No puedo obviar el tema descargas. Para los que hacen guiones, dirigen y parece ser Satanás hecho P2P; un enemigo a eliminar, pero se equivocan en parte. Para empezar los datos no engañan, y es que en nuestro país la inmensa mayoría de filmes descargados son extranjeros; en segundo lugar, la promoción gratuita que proporciona la red es ilimitada, ya que más de uno se acerca al cine después de que un amigo le comente lo buena que es una cinta, y este segundo se va a verla al cine; y por último, no hay que dejar atrás que se trata de un medio que da voz a aquellos jóvenes, o no tanto, que llevan un director dentro pero no tienen medios ni apoyos para mostrarlo. Que sí, que la gente tira de Internet para ver cine, pero ni es tanto como quieren hacer creer ni es todo tan negativo; todo esto sin entrar en el precio de las entradas…

Promoción versus emoción

Mi realidad es que cada año hay películas españolas malas, porque las hay, y puede que más de la mitad, pero no lo son menos las que llegan desde fuera de las fronteras, esas cuya promoción a veces es brutal, tanto que anula cualquier juicio clínico para acabar resumiéndose todo en un: “joder, si tanto la anuncian habrá que verla”; y luego… llega El Hobbit, tanto bombo para tanta pena, en cuestión de semanas la expectación se torna en crítica feroz hacia un título que parecía que iba a comerse las taquillas. Hago esta mención porque este es uno de los puntos de mayor distanciamiento; sólo hace falta salir a la calle y mirar carteles, autobuses y demás soportes publicitarios para darse cuenta de que muchas cintas españolas se promocionan con lo justo; incluso puedes ver el telediario de mediodía y enterarte que esa semana se estrenan tres películas españolas que no te suenan de lejos, ahora, que Skyfall merecía 3.000 reportajes… Caso aparte es el de Pedro Almodóvar y otros pocos privilegiados, que sólo con el nombre ya venden.

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Hablar del cine español como un superviviente es posible, pero ni más ni menos que cualquier otro. Resulta que hace dos años era todo un desastre, descenso de espectadores, recaudación irrisoria y demás cuentas, y ahora en 2013 se arregla; pero es que esto mismo ya pasó en 2008, con un gran ascenso en la cuota de pantalla, y al contrario en 2002, cuando se perdieron seis millones de espectadores con respecto a 2001. En definitiva, hay altibajos como en todo, años mejores y años peores, pero no es más que reflejo de lo que opina el público, ya no por la calidad de los filmes, sino por la aceptación de éstos.

Si hay algo alarmante es el prejuicio que se tiene de puertas para dentro, cuando justo en dirección contraria es opuesto, y es que una vez pasada la frontera nos ven como una de las industrias con mayor caché. No en vano, la recaudación lejos de España ha doblado en los últimos años a la casera, algo que deja claro que algo se debe estar haciendo bien, aunque sea sólo una cosa. Nuestro cine no está en crisis, simplemente está falto de cariño y de una oportunidad.

Datos obtenidos de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE) y del Ministerio de Cultura.

Entre estrellas y… ¡estrellados!

Ya está aquí la noche de los Oscars, esa en la que las estrellas de Hollywood se visten de gala para, un año más, repartirse el pastel de la meca del cine. Pero no todo son alegrías y discursos de agradecimiento, también ha habido sonadas decepciones y verdaderos creadores de arte que se han quedado sin la preciada estuatilla.

Entre aquellos que no han visto reconocido su trabajo se encuentra Charles Chaplin, quien no obtuvo ninguna estuatilla ni como actor ni como director, y que tuvo que esperar a 1973 para recibir un Oscar honorífico, si bien en 1952 había recogido uno por la música en ‘Candilejas’. No se queda atrás Orson Welles, quien pese a estar nominado en nueve categorías por El ciudadano Kane, sólo gano en una, la de mejor guión. El rey del suspense, Alfred Hitchkock tampoco tuvo el reconocimiento a mejor director por ninguno de sus filmes. La lista de directores sin estuatilla se engrosa con nombres como Stanley Kubrick, Ingmar Bergman, Ridley Scott o Quentin Tarantin0.

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Imagen de Alfred Hitchkock

Los que se ponen al otro lado de la cámara tampoco se han librado de quedarse con la miel en los labios. Así, nos encontramos con casos como el de Cary Grant, que obtuvo su reconocimiento en 1970 con un Oscar honorífico que parece poco para su aportación a la gran pantalla; Groucho Marx, reconocido hoy como uno de los referentes más firmes de la comedia tampoco se llevó jamás a casa el deseado premio. También ha habido casos en los que la tragedia se ha interpuesto en el camino hacia el galardón, como le ocurrió a James Dean, que a los 24 años vió truncada su corta carrera por un accidente de tráfico. Otros casos de renombre son los de Richard Burton, Kirk Douglas, Harrison Ford o Liam Neeson o Steve Buscemi.

Si miramos más hacia actores de las últimas décadas nos topamos con casos como el de Steve Buscemi, que pese a interpretaciones excelentes como la de El gran Lebowski nunca ha estado ni nominado. Quizás más reconocibles y sonoros son los casos de Edward Norton que rozó la estuatilla con American History X; o Brad Pitt, Leonardo di Caprio y Tom Cruise, a quienes su fama mundial y desorbitado caché no les ha valido para que su actuación quedase rematada con la guinda ‘hollywoodiense’.

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Imagen de Edward Norton en American History X

Pero no podemos irnos sin darle un toque de humor a tan honorable gala cineasta, y para ello os dejo con una de mis series favoritas, ‘Padre de Familia’, y su particular entrega de premio a mejor actor protagonista….

Y aunque este año no tengamos ningún representante entre los nominados salvo Paco Delgado por el vestuario de Los Miserables, aquí está Penélope para dejar alta la marca España en yankilandia mostrando sus cualidades como actriz…

Esto es todo, espero que disfrutasen de la noche y sean felices.