Miedo y odio, ascenso de la ‘destra’


El mundo cultiva, Europa echa abono (por varias raíces) y el hombre recoge un fruto amargo. Esta es la fotosíntesis que está siguiendo el río de una vida que está dejando un reguero de sinsabores y lamentaciones; el surgimiento de un odio, de un deseo separatista y de buscar soluciones en el interior de uno mismo mirando con temor al vecino. Sí, hablamos de una crisis que no hace más que sumar plantas a un bosque sin verdes que está llevando a que cada uno se preocupe del árbol de su patio.

Hablamos del proteccionismo, de la defensa de lo propio culpabilizando al foráneo, de un deseo de salir adelante sin ver más allá del propio ombligo; en definitiva, del resurgimiento de una extrema derecha que nunca extinguida, ahora recibe más voces de apoyo. Para comprender todo esto, hay dos términos que no se pueden quedar en el tintero, y que deben servir como punto de partida. Populismo y nativismo.

Es en la década de los ochenta cuando varios autores aprecian la aparición de un ‘ola populista’ de extrema derecha. Su ideología radical se enmarca principalmente en la inmigración como fuente de todo problema. El historiador Héctor Hurtado por ejemplo habla de una nueva extrema derecha europea que invoca continuamente a los referentes de ‘pueblo’, ‘comunidad’ y ‘nación propia’, lo que les lleva a un nacionalismo xenófobo y pleno de rechazo a las minorías étnicas. Es justo esta mentalidad de algunos grupos políticos en contra de la desaparición de fronteras, la que lleva al politólogo neerlandés Cas Mudde a englobar su discurso bajo el término ‘nativismo’, o lo que es lo mismo, la idea de que los Estados deberían ser habitados únicamente por miembros del grupo nativo.

Así, con el germen ya creciente, el ‘hambre’ que hoy vive Europa ha llevado a que estas posturas extremas reciban un mayor apoyo. Frente Nacional (Francia), UKIP (Reino Unido), Unión por el Futuro (Austria) o Verdaderos Finlandeses (Finlandia) en la Europa más cómoda, y otros como Jubbik (Hungría), Ataka (Bulgaria) o Amanecer Dorado (Grecia) en la zona más castigada, dan prueba con su ascenso de que el miedo y el odio ya no son casos excepcionales, sino que se ha plantado un peligroso virus que en un marco neoliberal fracasado está recogiendo trocitos de cenizas para formar parte del inicio de un nuevo panorama.

La historia se repite, aunque por ahora sólo en sus albores. A principios de siglo y con la semilla de un mundo lleno de vencedores y vencidos, recalcado por tratados abusivos, y apuntillado por el manido crack del 29, el surgimiento de la conciencia nacional como rechazo del ‘diferente’ y avivada por la injusticia hacia los más desfavorecidos hizo que un frente de extremos tuviese una repercusión y seguimientos inimaginables. Hablamos de la Alemania nacionalsocialista, donde la débil república liberal de Weimar no sobrevivió a la crisis, y de la Italia de Mussolini.

Claro está que esos movimientos dictatoriales hubiesen quedado en humo si no hubiera sido por el seguimiento masivo que tuvieron. El apoyo electoral provino fundamentalmente de los campesinos , muy golpeados por la crisis que redujo los precios de los productos agrícolas , y por la clase media urbana , compuesta por pequeños comerciantes artesanos y empleados, que fueron, al igual que hoy, los que de verdad vivieron en sus carnes el deterioro de sus existencias.

Los ‘Le Pen’

Así, es difícil abrir la sección Internacional de algún diario sin que te cuenten como la extrema derecha ha dado un nuevo paso. Pero vayamos por partes. El caso más famoso por la importancia del país en el panorama internacional es el de Frente Nacional en Francia. Con Le Pen hija a la cabeza el partido batió su récord electoral en las presidenciales de 2012, cuando obtuvo un 18,10% de los votos, superando un registro del 16% que permanecía vigente desde 2002. Lo más inquietante ya no es el resultado, sino que esté se de con una mayoría de votantes jóvenes comprendidos entre los 18 y los 24 años, de entre los cuales una cuarta parte apoyaría la salida de la Unión Europea y la expulsión del país de decenas de miles de inmigrantes, dos de los puntos en los que se sustenta la política del partido.

Manifestación del partido Frente Nacional.

Manifestación del partido Frente Nacional.

Mismas reivindicaciones están tomando fuerza al otro lado del canal de la Mancha, donde el espectacular éxito del populista UKIP con su programa anti-europeo y anti-inmigración propició el descalabro en las elecciones locales del partido conservador. El UKIP se hizo con el 25% de los votos en los municipios que se presentaba, según las estimaciones de la BBC, y obtuvo 147 concejales. Muy pocos al lado de los 2.300 que estaban en juego, pero una barbaridad si se tiene en cuenta que en 2009 solo tenía ocho ediles en esos mismos ayuntamientos. Estos datos en las urnas, unidos a que el último sondeo les sitúa en el 20% de intención de voto en unas elecciones generales, han hecho que el primer ministro David Cameron se esté viendo obligado a virar hacia la derecha para mantener su barco a flote.

Tampoco en Finlandia se libran de esta corriente, donde el partido Verdaderos Finlandeses ha visto como su inútil existencia ha dado un giro de 180 grados en los últimos comicios, tanto parlamentarios como presidenciales. Así, con un ideario marcado por el populismo y el proteccionismo, han visto como de 2007 a 2011 pasaron de 7 diputados a 39, algo que se refrendó en unas presidenciales en las que de 2006 a 2012 dejaron atrás un pobre 3,43 % para colocarse con un 9,40 %.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=XkRRdth8AHc

Anuncio emitido por el grupo político sueco de extrema derecha Sverigedemokraterna.

Desfavorecidos

Si en la Europa más desarrollada, tecnológica y rica se ha dado un respaldo inesperado a las posturas señaladas, en el caso de países más castigados la situación está más al límite. Quizás el ejemplo más palpable y doloroso lo tengamos en Hungría, donde el partido ultra Jobbik, por medio de su diputado Márton Gyöngyösi, ha llegado a pedir en el Parlamento que se hicieran ‘listas de judíos’ porque representaban ‘un peligro para la seguridad nacional’. Declaraciones como esta no quedarían es más que una pura anécdota a olvidar si no fuese porque estamos hablando de la tercera fuerza política de Hungría con 43 diputados en una Cámara de 386 y que tres de sus miembros se sientan en el Parlamento Europeo. La retórica antisemita que manejan queda en un segundo plano ante su verdadero objetivo, los gitanos, que se estiman en un 10% de los 10 millones que habitan el país. Para que nos hagamos un idea, en Jobbik hablan de internar a los niños gitanos a parte, a la vez que les culpabiliza en exclusividad de  robos, atracos y uso de armas.

Pese a estar muy lejos del caso francés en muchos aspectos, lo preocupante es que coinciden en la base que les sustenta electoralmente, es decir, jóvenes de clase media alta, muchos de ellos universitarios. Estamos hablando de una masa social en crecimiento, y que vienen a ser el futuro de cualquier Estado.

Otro país en el que la extrema derecha está en auge es Bulgaria. El partido ultra Ataka, con un ideario ultranacionalista, xenófobo, beligerante con la minoría turca del país y racista con los gitanos, ha pasado de suponer el 1% del electorado a tener el respaldo del 8%, entrando así en el Parlamento. Aquí el populismo llega a su máxima expresión, y es que el líder de este grupo electoral, el antiguo periodista Volen Siderov, es capaz de prometer medidas de extrema izquierda, como nacionalizar las empresas eléctricas; y al mismo tiempo prometer que limpiará el país de indeseables (inmigrantes), haciendo propios los prejuicios de la extrema derecha. En definitiva, dando al pueblo lo que quiere oir.

Por último nos encontramos con Amanecer Dorado, una organización que se considera metaxisma, es decir, seguidora de Ioannis Metaxás, un general padre del fascismo griego. Con estas señas de identidad, y encabezados por Nikolaos Michaloliakos, los integrantes de este grupo han pasado del silencio absoluto a tener voz y voto desde el 2012, cuando obtuvieron un 7% de los votos en las elecciones generales para un total de 21 diputados. Una vez más, la población joven se convierte en el soporte de esta formación, ya que en las mencionadas elecciones el partido consiguió el 14% de los votos de los votantes entre 18 y 24 años, el 12% de los de entre 25 y 34 y el 11% entre los de entre 35 y 44 años de edad.

amanecer-dorado

Manifestación neonazi del grupo político Amanecer Dorado.

Este muestreo no es más que un granito de arena en el mundo de la oratoria y las urnas, pero no debe pasarse por alto, ya que lo que hace unos años no era nada hoy es ya una realidad que se está sirviendo de unas circunstancias en las que el desencanto de la gente hace que cualquier alternativa sea buena, tanto como para que una en la que le xenofobia sea el punto principal de sustento tenga tantos seguidores. Por mucho que se quiera evitar decir así, el ser humano es egoista por naturaleza, y en caso como el que vivimos ahora, la aparición de oportunistas está a la orden del día para aprovechar ese miedo y hacer de sus ideas erróneas un camino en el que muchos ven una salvación. Si este movimiento que está emergiendo tendrá mayor recorrido está por ver, pero lo que está claro es que la base, con jóvenes deseosos de tener otro futuro, está ya puesta y amenaza con dar un giro al panorama político internacional.

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